Escrito el 13 de julio de 2011. Etiquetas: conbarba, polaris
Hace muchos meses que este grupo de barbudos está inmerso en el mundo de los juegos indies, que en su mayoría no son más que juegos publicados por sus propios autores. De ahí lo de independiente, donde en realidad cabe casi todo. De todas formas nosotros nos hemos centrado en un grupo concreto de juegos, algunos de los cuales a duras penas encajarían en lo que un rolero considera como rol.
Hay una serie de premisas tácitas que se relacionan con los juegos de rol: dados, hojas de personaje, el omnipresente director de juego, etc. Supongo que todos sabéis de qué estoy hablando. En realidad muchas de ellas nacen de la costumbre. Creemos que son requisitos de un juego de rol porque es lo único que conocemos y casi todos lo acompañan de un sistema de resolución de tareas (normalmente enfocado al combate) y mecánicas de desarrollo de las habilidades del personaje (experiencia en cristiano), junto con otras exigencias como una ambientación muy detallada y una maqueta cuando más bonita y recargada, mejor.
Pero claro, es como si todos los dados que nos hubieran enseñado tuvieran 6 caras y solo se diferenciaran en el color. Vale, conocemos juegos publicados en castellano que se salen de la norma, cosas como Castillo de Falkenstein, Analaya, El club de los martes, Lances, De Profundis, La torre de Rudesindus, etc. Poco considerados, ignorados e idolatrados por unos pocos que buscan algo diferente.
Ahora me encuentro con papeles firmados, textos traducidos, bocetos y toda la parafernalia que precisa la edición y publicación de un juego de rol. Y lo que tengo encima de la mesa se sale del canon. Juegos que habrá quien diga que no son de rol, quizá sean otra cosa o quizá juegos de mesa. La verdad, a estas alturas la etiqueta que se les ponga me da igual. Han sido muchas horas y al fin y al cabo son juegos, y los usaré como tales porque me divierten.
Tienen mecánicas extrañas, atención a conceptos normalmente ignorados, escaso detalle en las ambientaciones y una extraña obsesión por quitarle poder al DJ. Curiosamente he tenido la sensación de tener que confiar en el autor, algo que no me pasaba desde hace... lustros. Tras leerlos algunos parecen injugables, pero con una extraña coherencia.
Es la primera vez que siento la necesidad de dar un salto de fe, como DJ y como jugador, y dejarme llevar por el juego confiando en que las mecánicas me recogerán, acunarán y descubrirán lo que la mente de un tipo, a miles de kilómetros de distancia, quería que experimentara. Esto quizá necesite de un artículo más detallado.
Espero que nadie me diga que pido demasiado por obviar las etiquetas y dar un salto de fe, aunque también espero que sea la afición quien coja al vuelo a este puñado de barbudos.